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Hola a todos
¡Vaya magníficas intervenciones las últimas de luisg!, y también la de Eadan. Por eso, con el permiso de Eadan, me gustaría volver sobre lo andado en el Mateo de Compostela.
En primer lugar, me gustaría unir en una posible línea argumental dos de las últimas aportaciones que realizaba ayer luisg:
1. “¿Suena esto a Joaquín de Fiore? Sí, mucho; claro que también suena a Regino de Prum, a Suger de Saint Denis (no debemos olvidar que Saint Denis y el Pórtico de la Gloria son casi contemporáneas) y, si me apuras, incluso a San Pablo, por ir más atrás. Digamos que no me atrevo a establecer unos lazos más profundos entre De Fiore y el Maestro Mateo, aunque reconozco que quizá el tema de más de sí que mis escasos conocimientos sobre el mismo.” 2. En cualquier caso tampoco me extrañaría nada que fuese la intención de Maestro Mateo el rebajar el tono apocalíptico del Pórtico, ya que todo su tema en realidad es un Juicio Final "incruento" -así lo llamo yo-, o, si lo prefieres, "disimulado" (tan disimulado que incluso aún hay expertos que no ven el Juicio Final por ningún lado.)
Apreciado luisg, espero no abusar de tu paciencia y generosidad. ¿Nos podrías aclarar tu idea de lo que defines como “Juicio final incruento”?, pues conocemos citas de naturaleza neoplatónica cristiana como la siguientes:
“Así pues, cada una (se refiere al alma) percibirá los premios, o pagará sus culpas en su propia conciencia y dentro de sí misma.”
“Ambrosio en la Exposición a Lucas manifiesta claramente que el diablo no será castigado en las cavernas materiales, ni en las cárceles corporales, con sus secuaces, sino que cada uno pagará y lavará sus penas dentro de los términos de su malvada voluntad; y Ambrosio hace esto al explicar el texto del evangelio: “Atadlo de pies y manos y arrojadlo a las tinieblas exteriores; allí habrá llanto y crujir de dientes.” Dice Ambrosio:¿Cuáles son las tinieblas exteriores? ¿Acaso también van a soportar la cárcel y las canteras... Por consiguiente, ni hay el crujir de dientes corporales, ni hay ningún fuego perpetuo de llamas corporales, ni los gusanos son materiales.”
¿Estarías en esta línea de argumentación?
En segundo lugar y volviendo al tema que nos ocupa, el de San Mateo, si analizamos el tratamiento iconográfico de los rostros de los cuatro Vivientes, vemos que el de Mateo recibió un tratamiento iconográfico diferente. De entrada, tres de los cuatro rostros parecen pertenecer claramente a jóvenes imberbes, con lo que la descontextualización de su edad parece querer indicar que en el tímpano no se refleja la historia (lo visible, siguiendo con el juego de palabras de Fiore que proponías el otro día) sino la fe (lo invisible o inteligible).
Sin embargo, mientras en la forma de esculpir sus rostros y de presentar sus cabelleras, Juan, Lucas y Marcos (o los tres ángeles que los están cogiendo) reciben un tratamiento iconográfico semejante, Mateo es presentado como un hombre, de manera diferente. Además, Mateo (como ya escribía el otro día) es el único de los cuatro que está sentado en esa silla curial por la que aparecen dos cabezas de dragón. Ahora, como escribimos por aquí, es hora de lanzarse a la piscina. Espero no hacerme mucho daño.
Si seguimos un poco más con la filosofía teológica de Joaquín de Fiore, este detalle iconográfico compostelano podría explicarse: el de las dos cabezas de dragón colocadas en la silla curial sobre la que se sienta Mateo. Aunque conocemos que este tipo de silla ya existe en anteriores representaciones iconográficas, sobre este tipo de asiento sólo se sienta a la Maiestas Dómini, jamás a un hombre como sería el caso de Mateo. Estaríamos ante un tratamiento iconográfico nuevo, si no me equivoco, lo escribo de memoria.
¿Qué pueden representar estas dos cabezas de dragón? En la interpretación exegética que hace Joaquín de Fiore de las siete cabezas de la bestia apocalíptica, las dos últimas cabezas corresponderían a las dos últimas grandes persecuciones contra la Iglesia, la de Saladino (1138-1193) y la del Anticristo. Recordemos que del Maestro Mateo escultor, todos al menos conocemos dos fechas famosas (1168 y 1188), que coincidirían con la penúltima persecución, la de Saladino. ¿Qué valor podrían adquirir, en esta interpretación exegética que proponemos a través de Joaquín de Fiore, las dos últimas cabezas de la Bestia apocalíptica? La de señalar el momento histórico (de ahí la posible manera de presentar a Mateo como hombre) en el que estaba transcurriendo la vida del escultor (también llamado Mateo) o del teólogo redactor de ese magnífico Tetramorfos compostelano y el anunciado de la fecha apocalíptica, 1260. Las dos cabezas sobre las que se sienta Mateo servirían para identificar el tiempo presente, es decir, el posible tiempo del Maestro Mateo o del teólogo redactor. Pero, de paso, estaría concordando con la posible fecha de ejecución material de esta portada de Santiago. Según Joaquín de Fiore, el vivía en la cuarentava generación después de Cristo; es decir, en torno al año 1200 (40x30 años) y el inicio de la Edad del Espíritu Santo se produciría en la generación número 42, en 1260 (42x30 años). Sin embargo, antes tenía que producirse la llegada de la última cabeza del dragón apocalíptico, la séptima, la del Anticristo. Un Anticristo que reinaría por un período de tres años y medio. En este tiempo, sólo los verdaderos hombres espirituales, resistirían su ataque final. Por eso, me inquieta tanto ese detalle iconográfico de sentar a Mateo sobre esas dos cabezas de dragón.
Luisg, gracias de antemano y perdona si me he dado un fuerte porrazo. Pero, la intencionalidad es buena, la de abrir nuevas líneas de diálogo sobre el románico.
Un abrazo a tod@s
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