Intuyo, apreciadas Cilea y Piratesa, que son solamente ocho los personajes situados en la franja próxima al cielo, y que esas otras serpientes, no son sino el gusano que destruye la calabacera que quitaba el sol a Jonás, que enfadado porque Dios perdona a Nínive, se va a vivir al campo:
¿y no tendré yo piedad de Nínive, aquella gran ciudad donde hay más de ciento veinte mil personas que no saben discernir entre su mano derecha y su mano izquierda, y muchos animales?
De nuevo mis disculpas, por una nueva regresión a los textos precedentes, que van marcando la senda interpretativa bajos los auspicios de los cabales ingenios de Miguel, según leemos:
demiguel escribió:
...
Hoy me reafirmo en ello al relacionar estos contenidos con el eje del panel inferior, el apocalíptico, en el que nos encontramos la figura decapitada de una mujer con niño. Cuando vemos en una iglesia románica una mujer con niño inmediatamente pensamos en la Virgen, lo cual nos lleva a la incompresiensión de su decapitación. Lo que ocurre es que este no es el caso, la mujer que baja del sol y asienta entre nosotros, como definida en el Apocalipsis no es la Virgen, ni la prostituta de Babilonia, por cierto, sino la propia Iglesia y el personaje en su regazo eres tú, querido lector.
Diversas profecías en la Biblia recogen tres ejemplos de gobernantes que estando apartados de Yahweh, en un momento clave, escucharon el mensaje de los Profetas y cambiaron de actitud; estos vaticinios apocalípticos, dirigidos a los distintos reinos, son: El Rey de Babilonia, Nabucodonosor (Daniel 2:46-47); El Rey de Persia, Ciro (2 Crónicas 36:23) y el Rey de Nínive (Jonás 3:5-9)...

Si ellos fueron capaces según el relato bíblbico de escuchar la Divina Palabra, todo gobernante podría hacerlo; máxime tras comprender, además, que las razones esculpidas en los motivos centrales del panel oeste, nos llevaron en Ratisbona hastas las peripecias de Jonás en su viaje y el arrepentimiento del Rey de Nínive, cubierto de cilicio y sentado sobre cenizas.
Sin embargo, ahora ya en el panel Este, un relato profético procedente del mundo clásico hace recalar nuestra atención en un texto de Virgilio, el de la famosa Égloga IV:
Virgilio escribió:

"Han llegado los tiempos últimos de que habla la Sibila:
Va a comenzar de nuevo el curso inmenso de los siglos.
De lo más alto de los cielos nos va a ser enviado un reparador.
Alégrate, casta Lucina, por el nacimiento de este niño,
que hará cesar la Edad de Hierro, reinante hasta ahora,
y extenderá la Edad de Oro por todo el universo...
El que debe obrar estas maravillas será engendrado en el mismo seno de Dios;
se distinguirá entre los seres celestiales;
aparecerá superior a todos ellos y regirá con las virtudes de su padre al mundo pacificado...
Ven, pues, querida descendencia de los cielos,
ilustre vástago de Júpiter, porque se acercan ya los tiempos vaticinados.
Ven a recibir los grandes honores que te son debidos.
Mira tu venida al globo del mundo vacilante bajo el peso de su bóveda;
la tierra, los vastos mares, el alto cielo...
todo se agita y alegra por el siglo que ha de venir".
Recordar que este texto contenido en el libro VI de la Eneida, fue considerado profecía que anuncia la verdad cristiana, el nacimiento de aquel Mesías de Daniel y de Jeremías, y que en tiempos de Constantino, Lactancio (s. IV dC) -apologético cristiano de quien se dice que evolucionó del epicureísmo al platonismo místico- recopilaría estas palabras en sus
Divinae Institutiones, favoreciendo la interpretación cristológica de esta profecía, que Constantino mandaría incluir en la oración pascual, después del concilio de Nicea. *
Por su parte, San Agustín de Hipona -a quién tanto debe el cristianismo-, admitió la posible inspiración divina en el dictado de las palabras de la Sibila Cumena en la
Ciudad de Dios, Roma; cronológicamente, ya claro e inevitable, resulta llegar desde este punto al
Iudicii Signum visigótico, que recogido varios siglos después en el Homiliario de San Baudelio de Berlanga por Florentius, se habría convertido previamente en el
Sermo de Symbolo del pseudo Agustín, que utiliza Carlomagno**.
TOLEDO MOZÁRABE, el Grupo Ailbe escribió:
Haec de Christi nativitate, passione et resurrectione, atque secundo eius adventu ita dicta sunt, ut si quis in graeco capita horum versuum discernere voluerit, inveniat Ιησουζ Χρειστοζ Θεου Υιοζ Σωτηρ. Quod et in latinum translatis eisdem versibus apparet praeter quod graecarum litterarum propietas non adeo potuit observari. Credo iam vos, o inimici iudaei, tantis testibus ita obrutos confutatosque esse, ipsa veritate ut nihil ultra repugnare, nihil quaerere debeatis; (Quedan dichas estas cosas sobre la Navidad, Pasión y Resurrección de Cristo, y asimismo de su segunda venida. Si alguien quisiera saber en griego las iniciales de aquellos versos, encontrará que son "Iesus Christus Dei Filius Salvador", traducidos al latín, en cuyo caso la propiedad de las letras griegas no puede mantenerse cien por cien. Creo que vosotros, enemigos judíos, habéis sido abrumados y refutados con tantos testimonios que no debéis seguir rechazando ni buscando la verdad misma).
Casi nada lo de estos irlandeses del siglo XI: ¡ya es casualidad que aquellos otros visigodos que llegan a Hispania parecen proceder de esta región del Danubio, cuya capital puede considerarse Ratisbona... !
* LA TRANSMISIÓN DEL CONOCIMIENTO** TOLEDO MOZÁRABE (San Román de Toledo). Grupo Ailbe 2011. Cap.II, el Canto de la Sibila.