Extraordinaria cita, Corbio; es indudable que el pensamiento medieval se nos muestra inmerso en la epistemología. Sin ir más lejos, San Agustín distingue esencialmente tres formas de conocimiento, de los que destaca:
· El conocimiento sensible, de los sentidos, es el que genera doxa (opinión), al que denomina conocimiento cambiante.
· El conocimiento racional inferior, ciencia, donde con el razonamiento se conoce lo universal y necesario relativo a las cosas temporales.
· Por último, el conocimiento racional superior, filosofía o sabiduría, que posibilita el conocimiento de las verdades eternas, inmutables, universales y necesarias que fundamentan nuestros juicios.
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Según la Teoría de la Iluminación, estas verdades eternas no pueden ser desarrolladas a través de los sentidos, sino que se deben buscar en la intimidad de la conciencia, en el alma, donde Dios las ha puesto y por tanto el hombre debe descubrirlas en su interior.
La verdad, por tanto, no está en la realidad perceptible a simple vista, sino en el alma y se conoce por medio de una iluminación divina, que nace del experimento de las tres formas de conocimiento.

Pero volviendo a la arquitectura de Jaca, encontramos unos 460 km más al sur, una obra emblemática de características muy similares; hablamos del templo de San Millán de Segovia, que junto a la iglesia del Monasterio de Santa María la Real de Sacramenia -hoy en EEUU-, es el de mayor monumentalidad del románico segoviano.
San Millán alcanza dimensiones catedralicias, como lo demuestran sus 50 metros de longitud o la veintena de metros de altura hasta la cúpula del transepto y el alzado de su planta, que se corresponde con el de la jacetana en la proporción áurea.
Si exceptuamos de San Millán las galerías porticadas -añadidas algunos años más tarde-, el esquema constructivo reproduce el de la Catedral de Jaca; posee planta de tres naves separadas mediante arcos formeros de medio punto que cabalgan, al modo de la seo jaquesa, sobre pilares cruciformes con semicolumnas adosadas, alternando con grandes columnas exentas.

Al fallecer la reina doña Urraca, Alfonso I El Batallador, rey de Aragón, pretendió hacerse con el trono de Castilla. Establecido en el Alcázar segoviano, otorgó privilegios a la mitra e hizo levantar la gran iglesia de San Millán de dimensiones y traza idénticas a la catedral de Jaca, y más suntuosa que el templo catedralicio que se levantaba junto al Alcázar. (No falta quien opinó que el monarca aragonés tuvo el proyecto de colocar la sede episcopal en San Millán y lo hubiera realizado si hubiera logrado conseguir el trono de Castilla). Posteriormente sufrió este templo algunos añadidos en el siglo XIII, siendo reformado en profundidad en el XVII; posteriormente en el s.XX habría sido restaurado en dos ocasiones, la primera en 1949 por los arquitectos Cabello y Ladrada y la segunda, décadas más tarde. Aún así, lo que todavía vemos en San Millán, nos proporciona una idea neta en cómo debió aproximarse a San Pedro de Jaca, lo que hoy ya no puede ser allí observado:

Durante casi dos siglos a partir de la construcción de San Pedro de Jaca, el esquema de portadas, ventanales, columnas, aleros, etc. creó escuela de esta manera entre las posteriores edificaciones segovianas, que en lo ornamental siguieron su modelo fielmente.
¿Traería también el rey aragonés a los canónigos regulares hasta la población castellana?...
