demiguel escribió:
Gran y magnífico tema, amigo Ráyave. Un tema fundamental y que muchos desconocemos con esa amplitud. Creo que tenemos un buen artículo para la web y sugiero que lo desmenucemos. A bote pronto me viene a la cabeza la portada de Santa Sabina, en madera, es decir, más la puerta que la portada, y ello me lleva a reflexionar acerca del nacimiento del concepto puerta/portada. ¿Puedes ampliar datos al respecto?. Saludos.
Querido amigo:
Me alegra que te guste el tema, pues a mí me tiene también muy enganchado. El artículo al que te refieres está en preparación, aunque todavía tengo que reunir información y someterlo a la aceptación de los especialistas de Círculo. Pasando al tema de la portada no sé si podré ayudarte en algo, pero por intentarlo que no quede. Seguro que entre todos podemos sacar alguna conclusión.

Debemos tener en cuenta que uno de los principios del primer cristianismo, y por extensión de su arte, y que responde a una filosofía del mundo como destierro del hombre, es la
despreocupación por el mundo material y, por lo mismo, del
mundo exterior, tanto en la plástica como en la arquitectura: lo importante está en el interior. Simbólicamente el exterior se relaciona con el cuerpo humano (se pretende por ejemplo, la forma de cruz latina), y el interior con el alma.

Tu Santa Sabina.
Analizando entonces las partes que formarían la entrada a los templos (hablamos especialmente de la basílica, dejando de momento los mausoleos y otras construcciones menores), tenemos el
atrio, que como en la casa romana,
constituía la entrada a la iglesia, en forma de patio cuadrangular porticado antepuesto a la misma, con una fuente en su centro para las abluciones.

A continuación solía encontrarse el
nártex, lugar para los penitentes, iniciados o catecúmenos (personas aún no bautizadas), a partir del cual se desarrollarán en la Alta Edad Media diversos tipos de pórtico, situado a la entrada de las iglesias, o a la altura del presbiterio, como acceso para el clero celebrante. Suele constar de un acceso central, sobre el cual, en las iglesias más importantes, se sitúa una tribuna, a la que se accede desde sendas escaleras situadas en sendas cámaras laterales.

En el siglo V se puede distinguir, en comunidades muy numerosas, ya entre
exonártex (cuando el nártex ocupa el pórtico adosado al templo) y esonártex o endonártex (cuando el nártex queda introducido dentro de la basílica y ya no forma parte del atrio sino que es una especie de vestíbulo que forma parte de la basílica).

San Lorenzo.
En San Lorenzo (Milán) el templo está precedido de un amplio
pórtico cuadrangular con columnas y nártex, que termina en dos
exedras. En el mismo siglo IV este elemento (nuevo en la arquitectura cristiana) aparecía en Santa Constanza de Roma, en la basílica preteodoriana de Aquilea o en San Gereón de Colonia; pero más adelante, sobre todo en el siglo VI, formará parte de muchas construcciones occidentales.

Santa Constanza.
Ahora un ejemplo de adopción, por parte del románico, de elementos típicos de la arquitectura paleocristiana. La iglesia de San Ambrosio (Milán), se edificó sobre un templo de estructura basilical, del que apenas quedan restos. El atrio porticado de la fachada occidental sería un añadido realizado a principios del siglo XII, fórmula que venía siendo habitual entre los arquitectos carolingios y otonianos en esa época:

Dentro del arte paleocristiano realizado en las provincias del Imperio, observamos que en Siria se realizará una gran aportación a la arquitectura occidental: la realización más habitual de una fachada monumental con puerta central y dos torres a los lados. Veamos algunos ejemplos tomados del Banco de fotos de Círculo y ya me diréis si, a pesar de su sencillez, o quizás por ello, no os recuerdan más a nuestro querido románico que las hasta ahora vistas:

Qal'at Simaan (Monasterio de Simeón el estilita)



Y esto es de momento lo que puedo ofrecer dentro del período que nos ocupa, Miguel. Ya me dirás si te sirve.
Ah!, se me olvidaba

¡Feliz desayuno dominical!
Abrazos.