Hola a todos
No deja de ser curioso este personaje mitrado en medio del símbolo que representa a San Juan Evangelista y el que representaa a San Mateo, un capitel de la panda norte del claustro de Monrreale.

Y no deja de ser curioso; porque, si con él se ha querido representar más a un abad que no a un obispo, podríamos encontrarnos ante la representación del mismísimo abad calabrese Joaquín de Fiore.
¿Por qué escribimos esto?, se preguntará más de uno.
Como otras veces ya hemos recordado, para Joaquín de Fiore, una fecha, la de 1260, significa el nacimiento de la de la Tercera Edad, la del inicio de la Edad del Espíritu Santo.
De entrada, la profecía sobre la cifra de 1260 se encuentra en la Biblia en dos libros:
a) El profeta Daniel: VII, 25; XII, 7.
b) El libro del Apocalipsis de san Juan: XI, 2; XI, 3; XII, 6, XII, 14; XIII, 5.
Joaquín de Fiore, junto a los textos anteriores del profeta Daniel y de San Juan, también utiliza el evangelio de San Mateo (Mt. I, 1-17) para postular la fecha profética de 1260, argumentando que lo mismo que transcurrieron 42 generaciones entre Abrahán y Jesucristo, la segunda Época, la de la Encarnación del Hijo, finalizará en este año, es decir, 42 generaciones después de Jesucristo. ¿Cómo lo calculó? Para Joaquín de Fiore, Jesucristo engendró a sus hijos espirituales a los 30 años, cuando comenzó su vida pública. Por eso, cada generación a partir del Nuevo Testamento tienen que contarse de 30 años. Por lo tanto, 42 generaciones de 30 años cada una, hacen un total de 1260 años.
Es decir, nos encontraríamos ante una representación de abad calabrese junto a los símbolos de los dos autores del Nuevo Testamento que utilizó para profetizar la fecha de 1260.
Un abrazo a tod@s